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jueves, 16 de mayo de 2019

Dí siempre que no. Si lo necesito, lo busco y lo compro

Hace mucho que no escribo y me animé a hacerlo tras una temporada en la que estoy recibiendo numerosas llamadas de diferentes compañías telefónicas, de seguros y de bancos ofreciendo sus productos.
Las ofertas que más me gustan....rechazar.....son las de los bancos. Los bancos son un mal necesario: a través de ellos cobras tu nómina, pagas los recibos, solicitas préstamos,... pero los consejos que dan para animarte a contratar uno u otro producto no me acaban de convencer.

Como sabéis los que me habéis leído alguna vez soy bastante inconformista y siempre trato de obtener la mejor oferta en cualquier cosa, especialmente en aquello que supone un gasto importante, como son las hipotecas. Hace años la mayoría de las hipotecas se contrataban a interés variable, ya que a interés fijo era evidentemente más caro aunque te asegurabas que la cuota sería siempre la misma. Desde hace ya unos cuantos años el EURIBOR está por los suelos, y a fecha de hoy aún está en negativo, aunque la tendencia de los últimos meses es la de subir ligeramente, aunque no creo que ni con mucho llegue a niveles de 2008 o anteriores (5%). Vamos, ni de coña. Sin embargo los bancos nos meten por los ojos las hipotecas a interés fijo, tradicionalmente más caras, motivo por el que no solían ser contratadas. También es cierto que el actual interés fijo es bastante más barato que lo que había de interés variable hace 10 años. A lo que voy..,.. ¿cree alguien que los bancos van a conceder préstamos a 20 años (o más) a interés fijo si no entrara en sus planes que el EURIBOR se mantendrá contenido en ese periodo? Claro que fluctuará, subirá o bajará, pero nunca estará tan caro como para que mereciera la pena contratar el interés fijo. Además, la mayoría de los intereses se pagan en los primeros años, por lo que la subida de intereses dentro de 15 años no sería demasiado gravoso.
Claro está, es mi opinión. No tengo formación bancaria y puedo estar confundido, pero la vida me ha enseñado que nadie da duros a cuatro pesetas, y si alguien te ofrece algo es porque le interesa a la otra parte. Aún me acuerdo de los seguros de protección contra subidas del EURIBOR que los bancos vendían cuando este índice no hacia más que bajar. O cuando te metían, como un chollo, en el precio de la hipoteca el coste del seguro de vida o de vivienda durante toda la vida del préstamo. Pero cuando amortizabas y te quitabas tiempo del préstamo no te devolvían las cuotas. Y si querías cambiar de seguro, pues generabas otro gasto.

Y en relación a los seguros.... los bancos llevan varios años vendiendo seguros de todo tipo. Yo no tengo ninguno, aunque recientemente me hicieron un estudio... ¡y vaya ofertas me dieron! el coste de los seguros de coche, vida y vivienda eran más del doble de caros que los contratados en una compañía aseguradora tradicional. Pero cada vez que pueden te los ofrecen, y os aseguro que la gente los contrata sin mirar otras opciones.

Con las compañías telefónicas de luz, de gas,... ocurre lo mismo. Te llaman, te agobian para ofrecerte sus productos. Creo que en los tiempos que corren todos ojeamos con cierta frecuencia las ofertas que hay, y si te interesan, pues te cambias. Me molesta sobremanera recibir llamadas de este tipo, porque siempre les respondo que no estoy interesado, y creo que no me equivoco.

Bueno, ya solté el rollo. Con esta entrada sólo quería abrir los ojos de los que dudan en aceptar una oferta que parece un chollo. No es oro todo lo que reluce. Si quieres algo, busca, compara y quédate con la mejor oferta. No te quedes con la primera que te hagan. Hala, hasta luego

jueves, 6 de noviembre de 2014

Un cuento sobre la vida: El buscador, by Jorge Bucay

     Hace unos tres o cuatro años, falleció el padre de mi amigo Luis. Luis es una persona muy especial, se puede tildar de estrafalario, soñador, bohemio,.... pero sobre todo de un gran amigo. En el funeral de su padre hizo algo insólito, habida cuenta de la sociedad en la que vivimos (en Estados Unidos parece ser más habitual), a la vez que maravilloso y que nos dejó a los más allegados con las lágrimas en los ojos y pensando en sus palabras: delante del féretro de su padre y ante todas las personas que quisimos estar presentes en ese último adiós, contó un cuento que transcribo más abajo. Desde entonces he tratado de encontrar íntegro ese cuento, hasta que el propio Luis me facilitó el enlace hace unos días. Disfrutarlo.





El buscador


Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador.



Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de si mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sentí pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y tres semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba a penas 11 años...

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, ningún familiar - dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?.

El anciano sonrió y dijo: - Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa aquí es que tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda qué fue lo disfrutado..., a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?...¿una semana? ¿dos? ¿tres semanas y media?... Y después... la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿el minuto y medio del beso? ¿dos días? ¿una semana?... ¿y el embarazo o nacimiento del primer hijo?... ¿y el casamiento de los amigos...? ¿y el viaje más deseado...? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano...? ¿Cuánto duró el disfrutar de esas situaciones?... ¿horas? ¿días?... Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo disfrutado, para escribirlo en su tumba.

Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido...


fin


Un abrazo para Luis...